Sobrevolaban las gaviotas alrededor del estadio Regional de Wellington al tiempo que la ciudad echaba el cierre a la jornada, acaso algún sonido de sirena y barullo desde el aserradero con el puerto, ya a orillas del Pacífico. El estruendo, sin embargo, llegaría poco después, volcada la afición neozelandesa con el Mundial y, sobre todo, con el recital de España, un equipo que supo abrir las alas para echar a volar por más que lloviera de forma pertinaz, demasiado colmillo para una Costa Rica que ni la vio come.
Aunque en los dos primeros saques desde el fondo las ticas trataron de jugar el balón desde la raíz, pronto variaron el plan, incapaces de sacudirse de encima la atosigante pero equilibrada presión rival. Así, Costa Rica renunció desde el inicio a la pelota y al protagonismo, siempre con un bloque bajo y las líneas de la mano —cuatro medios y cinco zagueras—, encorsetada a la transición defensa-ataque como único recurso. Le valió por ejemplo, un saque de la portera y una peinada de Salas para la carrera de Chinchilla, que no hizo honor a la acepción de roedor porque se enredó en el remate cuando solo le quedó por descontar a Misa. Pero sin pie para lanzar al equipo, excelente en el repliegue La Roja, extinguió el peligro costarricense, sanseacabó lo que se daba. Bola de España y espectáculo del bueno.
Te lo cuenta Jordi Quixano de Wellington. Puedes leer la crónica completa del partido en este enlace.
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