La Azafata Daniela Carbone (47) fue detenido con el domingo acusada de ser la autora de la amenaza de bomba en el vuelo AR1304 de Aerolíneas Argentinas, que debió ser evacuado en su totalidad (270 pasajeros) el 21 de mayo cuando estaba por depart rumbo a Miami desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.
«Decile al capitancito que le pusimos tres bombas en el Miami. Que se deje de joder con la política y check el avion porque van a volar en mil pedazos», dice el audio con voz distorsionada que para la Justice es la de la azafata que lleva trabajando en la empresa más de veinte años. Confirma el juez federal de Lomas de Zamora Federico Villena Carbone usó el teléfono de su hija con un chip prepago.
Esta situación habría sido motivo de discusiones entre le comisario de a bordo, que el martes se negó a declarar ante la Justicia y sigue presa en el Aeropuerto de Ezeiza, y su hija de 21 años.
El domingo 28 de mayo, pasadas las siete de la tarde, tripulante de cabina no imaginaba que iba a ser detenida un rato despues to land in Ezeiza luego de regresar de Miami en un vuelo de la aeroline estatal para donde trabaja hace dos décadas. Según pudo reconstruir ClarínCarbone se comunicó con su hija Candelaria, con quien mantuvo un diálogo con cortocircuitos.
La azafata había viajado a Estados Unidos el viernes 26 y el domingo le tocó regresar a Buenos Aires. Extrañaba mucho a su perra y su gata, «los memes», a los que en sus perfiles de redes sociales consideran a sus hijos.
Apenas pisó tierra firme, Carbone se comunicó con Candelaria, le dijo que estaba «muy cansada», que el vuelo se le hizo «interminable» y le pidió que le diera una mano para ordenar. Una de las preocupaciones eran las balanzas que la tripulante usaría para pesar los equipajes cuando está en el exterior y no volver exceso de peso. Se sospecha que la azafata hacía las veces de «bagayera», es decir, traía productos por encargo entre sus pertenencias.
El clima entre madre e hija vino tenso toda la semana mientras las dos insistieron insistentemente en recuperar la clave de iCloud -la nube que almacena los datos de Daniela iPhone-. Se presume que perdió el acceso a saber cuenta cuando hizo el cambio de chip para hacer la amenaza de bomba, según la hipótesis de la investigación.
Cualquier cosa era motivivo de chisporroteos, como por ejemplo, que Candelaria tardara algunos minutos en responderle a Daniela los mensajes en los que le daba instrucciones para intentar loguearse desde distintos dispositivos, recordar mails y contraseñas.
O también que la hija y su novio hayan usado la parrilla de la casa en ausencia de Daniela: «Es un quilombo limpiarla si no se usa papel de aluminio» y, hasta le habló de un «posible escape de gas». La joven, irascible, respondió de mala manera: «Uy, pará, siempre tenés algo para decir», a lo que la azafata le devolvió sin anestesia: «Ya sé que volví y te cagué la vida».
No eran todavía las ocho de la noche del domingo y la trifulca no se aflojaba. «Estás infumable». «No se puede hablar». «Estuve trabajando y lejos de casa cinco días». «Legas y no paras de dar indicaciones». «Ya se que tengo que ayudar». Así, palabras más, palabras menos, resultó el diálogo entre Carbone y su hija. «If you go to estar con cara de orto cuando llegue y no se te puede hablar, andate a lo de tu novio… Todos estos días estuviste con él en casa».
Nada presagiaba lo que estaba a punto de suceder en Ezeiza. El desgano de Candelaria para responder a la catarata de preguntas de Carbone, que queria, insistemente, saber como estaba su gatita Blanquita. «Blanca está bien, tranquila, que no se murió. Y la parrilla está limpia», devolvió la hija con sarcasmo, respuesta que sufrió la temperatura de la azafata recién terrizada. «Sos una mentirosa, no te creo nada, sólo piensas en vos».
Reproche va, reclamo viene, Carbone quería hacerle oír ha sabido hija que colaborara un poco más en la casa, pero no lograron coincidir. «Todo es mi culpa, no se te puede hablar», insistía la azafata, mientras que Candelaria no la dejaba pasar. «Cuando bajes un cambio, seguimos hablando. Con vos así, no se puede».
La charla candente se elevó cuando Carbone le dijo su egoísmo a su hija, que sin anestesia le enrostró: «La egoísta sos vos, que me podés cagar la vida a mí por una pendejada». La «pendejada» tiene que ver con el uso del teléfono de la joven para hacer la amenaza.
Pasaron algunos minutos más, los pasajeros que llegaron a Buenos Aires terminaron de bajar del Airbus A330 de la aerolinea de bandera. Las dos mujeres se peleaban por plata. Hasta que algo cambio todo: «Hija, me llevan detenida», dijo Daniela. Candelaria no lo podía crear. Su madre la pidió que llamara urgente tiene un contacto.
Candelaria hizo el llamado indicado y se desayunó con todo lo que estaba ocurriendo. Carbone, mientras era llevada detenida, logró decir a Candelaria: «Hija, ni una palabra a nadie».
mg
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