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“No basta unir los dos términos “social” y “ecológico” para refundar un proyecto de socialismo democrático”

ILos partidos de izquierda han formado una alianza para las elecciones legislativas de junio de 2022, lo que les ha permitido limitar los daños. Sin embargo, desde la constitución de la Nueva Unión Popular, Económica y Social (Nupes), cada una de sus características se enredó en sus entrañas: discordia dentro de Europa ecología-Los Verdes (EELV), controversia sobre la dirección de La France insoumise (LFI) y Congreso del Partido Socialista (PS) marcado por el desamor. La acción común de hoy sólo puede referirse a la respuesta a la reforma de las pensiones, que tiene valor de prueba.

Pero la movilización contra los proyectos gubernamentales no puede ser suficiente para restaurar una perspectiva de futuro para la izquierda. Esto significa salirse del flujo interrumpiendo las reacciones de los medios y tomando desvíos históricos e internacionales para entender cómo llegamos aquí.

La izquierda se caracteriza por el deseo de combinar libertad e igualdad, sin sacrificar la una por la otra. Tuvo sus mejores momentos cuando logró articular la crítica a las desigualdades provocadas por el orden social existente y la apuesta por la acción colectiva para inventar algo nuevo. Es esta perspectiva la que Karl Marx (1818-1883) abrió en su Discurso inaugural de la Primera Internacional en 1864 cuando vincula el análisis de la explotación del trabajo al reconocimiento del triunfo obrero inyectado por las cooperativas, que permite anticipar la superación del trabajo asalariado.

Debilidad estructural

Pero esta combinación entre la crítica emancipadora, denunciando lo que resulta insoportable, y la acción emancipadora, existente en el presente, se perdió rápidamente en un movimiento obrero perdido que, sin embargo, se decía marxista. Prueba de ello es la posición del Congreso francés quince años después, en 1879 en Marsella, que rechazaba las cooperativas porque las desviaban de la batalla principal, la toma del poder estatal.

Lea también la encuesta: Artículo reservado para nuestros suscriptores Para cambiar el mundo, la izquierda debe cambiar el mundo

El giro dirigista y centralizador se acentúa luego con el advenimiento del bolchevismo y su elogio de la violencia “revolucionaria”. Este camino, deviniendo totalitario, se opone entonces al reformismo de la socialdemocracia que, después de la Segunda Guerra Mundial, permite notables mejoras en las condiciones de vida de las personas, en particular en los países escandinavos. Pero su debilidad estructural radica en su dependencia del crecimiento del mercado: cuando éste se frena, la referencia a la solidaridad se atenúa y llega la hora del social-liberalismo.

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Jorge Gómez Iglesias

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