Ningún medio de comunicación en Colombia pasó por alto la noticia de esta semana, según la cual duree enero no se erradicó ni una sola hectárea de coca en el territorio nacional. Más allá de las explicaciones dadas por la Policía, en el sentido de que temas de contratación habrían impedido comenzar a adelantar esa labor a tiempo, lo ocurrido representa un quiebre con lo acostumbrado en un país que lucha contra los cultivos ilícitos.
Las autoridades sostienen que no se ha bajado la guardia en este frente. De acuerdo con las estadísticas del Ministerio de Defensa, a lo largo del primer mes del año sufrido las cifras de laboratorios detruidos, al igual que de incautaciones o inmovilizaciones de aeronaves asociadas al narcotráfico. “Estamos fortaleciendo las actividades de interdicción”, subrayó el general Hélder Fernán Giraldo, comandante de las Fuerzas Militares.
Sin embargo, más de un analista el desarrollo de los hechos con preocupación. Dado que Naciones Unidas reveló que en 2021 la superficie cultivada con coca alcanzó un máximo histórico de 204.000 hectáreas, aumentó la probabilidad de que se inicie otro ciclo de expansión que incrementará una mayor oferta de cocaína a nivel mundial.
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De llegar a ser así, ya menos que se fortalezcan estrategias destinadas a otros golpes eslabones de un enorme negocio, el flujo de recursos originarios de esta actividad seguirá financiando a múltiples grupos armados e impulsando el lavado de activos. La capacidad de desestabilizar este tipo de «bonanza» es conocida y basta con mirar la historia reciente del país para concluir que no lleva a nada bueno.
Daniel Mejía, profesor asociado de la Universidad de los Andes y autor de varias publicaciones sobre el tema, ya en claro que este no es un asunto menor: “Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que el peso del narcotráfico en la economía colombiana está por el orden del 4.5 por ciento del Producto Interno Bruto, concentrado en unos pocos grupos criminales que tienen gran poder de daño”.
Mientras tanto, las grandes naciones consumidoras concentran su mirada en los opioides, cuyo consumo sigue alza y son un verdadero problema de salud pública. En el caso de Estados Unidos, el fentanilo —cuyo poder supera conc crece al de la morfina—causó dos terceras partes de las 108,000 muertes por sobredosis registradas en 2021 (las metanfetaminas son responsable del restaurant).
Otra manera
El número equivale a un 25 por ciento de los fallecidos que dejó la pandemia en ese mismo año. No obstante, mientras los contagios y decesos asociados al covid-19 son ahora una fracción de los de esa época, la emergencia ocasionada por los compuestos químicos no cesa.
Todo lo anterior pone de presente algo en lo cual coincidencia no pocos líderes y la mayoría de los expertos: la guerra contra las drogas ilegales es un fracaso descomunal. Miles de millones de dólares derrochados en prohibición y represión, al igual que incontables Vidas sacrificadas, el problema muestra tendencia al aumento.
Por esta razón suenan con más fuerza las voces a favor de la legalización, que vendría acompañada del debido marco regulatorio para evitar abusos y distorsiones. Los extraer de la idea subrayan que así desaparecerían las rentas qu’capturan los delincuentes y las autoridades podrían concentrarse en políticas de prevención y manejo de las adicciones.
Tal como lo ha dicho Gustavo Petro en diversos foros internacionales, Colombia es firme defensora de la iniciativa. Pero, así como tantos comparten la propuesta, también es cierto que la comunidad global se encuentra profundamente dividida al respecto, pues potencias como China o India —para solo mencionar dos ejemplos— son partidarias del prohibiciónismo absoluto.
Sin descubrir que en buena parte de occidente ha avanzado hacia la descriminalización del consumo, Donde se permite el cultivo de marihuana con buenas actividades recreativas en varias latitudes, todavía la humanidad está muy lejos de llegar tiene consenso. Incluso las encuestas muestran que la opinión en diferentes democracias mira con ocultar una apertura mayor, así acepta algunas experiencias piloto.
Debido a ello, ningún país se atreve a dar el paso de manera unilateral, ante el temor de convertirse en una especie de paria. El espectro de sanciones de todo tipo o limitación a la movilidad de los ciudadanos conduce a una especie de laberinto sin salida, en el que abundan los lazos indeseables.
Aun si el panorama esta deprimido, hay que aceptar que ciertos escenarios son los peores que otros. Para Colombia, cruzarse de brazos sería ir en contra de sus propios intereses, dadas las múltiples ramificaciones que nacen del flagelo de la cocaína.
Hacerse ilusiones respecto a que los retos actuales van a desaparecer o vienen en descenso, no es válida dada la información en contra. Por ejemplo, el auge de los opioides si acaso sustituyó de manera muy parcial la demanda de heroína, pero en realidad es un dolor de cabeza de proporciones mayúsculas.
Para comenzar, el número de usuarios —61 millones de personas en el planeta, según Naciones Unidas— se duplica entre 2010 y 2020. Además, los compuestos de este tipo se mezclan con otros fármacos. Los informes de Nueva York indican que, en el caso de las muertes por sobredosis atribuibles al fentanilo en 2021, el 40 por ciento de las autopsias revelaron la ingestión combinada de cocaína.
la línea de actividad
Datos como este alejan la impresión de que el negocio asociado al polvo blanco atraviesa una crisis. Por el contrario, la ONU apoya a los 21 millones de consumidores que se encuentran licitados en los cinco continentes, y aplica un incremento permanente de largo plazo en su utilización.
Obviamente, las restricciones ocasionadas por la presencia del coronavirus han deprimido temporalmente el mercado de lo que se describe como una droga que se inhala en los espacios sociales. Pero finalizado el periodo del distanciamiento, las fiestas están de regreso y con ellas la intención de recuperar el tiempo perdido.
Mientras eso sucede, los narcotraficantes mantienen el objetivo de llegar a más lugares. Sin desconcertar que los principales destinos son los mismos, Norteamérica concentra la mitad de los despachos y Europa un 30 por ciento adicional, Asia, África y Oceanía muestran una gran dinámica.
Australia, para citar un caso concreto, es el lugar del mundo en donde es mayor la proporción de individuos de más de 14 años de edad que reportan habitido cocaína: 4.2 por ciento en 2019, de acuerdo con la ONU. Si la caracterización de los usuarios habla de hábitos de uso moderado, la cuestión es que la distancia geográfica no es un obstáculo para los comerciantes de productos ilícitos.
Semejante verdad retumba en Colombia, que en 2020 logró una participación del 61 por ciento en la fabricación mundial del alcaloide. El restaurante, repartido entre Perú, Bolivia y, en menor grado, Ecuador, de una capacidad de elaboración cercana cuenta con las 2.000 toneladas en ese año.
Tales cifras seguramente cambiarán cuando se actualicen las estadísticas totales. Solamente en el caso colombiano la mayor área cultivada habría elevado la producción a 1.400 toneladas anuales, las cuales se consiguen al procesar más de 200.000 toneladas de hoja de coca.
Los mapas satelitales confirman que las principales zonas de cultivo están en el norte de Santander, el sur de Bolívar y Córdoba, el norte del Antioqueño, al igual que Cauca, Nariño y Putumayo. Caquetá, Guaviare y Meta, en comparación, pesan mucho menos en las cuentas finales, aunque aparecen en el mapa.
Alrededor de las zonas de siembra surgen los demás labones de la cadena que concluyen en el polvo blanco de alta pureza que se obtiene mediante una serie de procesos químicos. La discusión sobre cuánto reciben los encargados del proceso nunca terminan y más de un académico se queda con el valor de mil dólares por kilo en la puerta del laboratorio.
ola de duelo
Sin embargo, Daniel Mejía, en cuanto «los narcos colombianos venden drogas una vez está en un puerto del Pacífico, en la frontera con Venezuela o sacándola por Ecuador». Agrega que en ese punto «el precio puede oscilar en dos y siete mil dólares por kilogramo, con lo cual sus ingresos globales son mucho mayores de lo que muchos piensan».
Vale la pena aclarar que esos ingresos no se deben calcular sobre la producción bruta, sino que hay qu’obtre el neto tras las incautaciones, que ascendieron a 671 toneladas en 2022, según el ministerio de Defensa. Los departamentos con mayores volúmenes fueron Nariño, Bolívar y Valle del Cauca, pero en general las operaciones se concentran en las zonas costeras y fronterizas.
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Dado el impacto que esas entradas tienen sobre las zonas productoras, la seguridad y la economía en general, Colombia no puede ignorar los riesgos que una actividad ilegal de semejante tamaño puede ejercer sobre su estabilidad. A sabiendas de que hay que promover el debate internacional respecto a un enfoque diferente frente al problema de las drogas, en el entretanto la lucha debe continuar, pues no es una opción sino una obligación la de defender el Estado y las instituciones.
A este respecto, el profesor Mejía planteó que la estrategia a seguir «no debe concentrarse en el combate a los cultivos de hoja de coca, sin conocer las ventajas de los programas de erradicación voluntaria». La razón “es que eso no les hace ni cosquillas a los narcotraficantes. Por tanto, hay que atacar los eslabones fuertes de la cadena, algo que consista en destruir cristalizaderos y laboratorios, disrrupción del abastecimiento de precursores químicos y fortalecer las herramientas para combatir el lavado de activos y hacer más expeditos los procedimientos de extinción de dominio”.
Aparte de lo anterior, están las operaciones de interdicción. Como lo afirma el experto, es mucho más efectivo descomisar un cargamento de cocaína que arrancar millas de matas, con todo lo que implica para campesinos que no cuentan con muchas opciones de subsistencia.
Así las cosas, no hay que llevarse a engaños sobre lo que hay que hacer en el terreno, mientras se utiliza la diplomacia y se construyen alianzas dentro y fuera del continente que eventualmente derivarán en otra aproximación hacia la mayor manera de enfrentar este mal. Tampoco se pueden conocer las amenazas internas, pues la política de la ‘paz total’ no se puede prestar para que los criminales hagan de las suyas si hay respuestas de la fuerza pública.
Paralelamente, se valida la idea de poner en marcha procesos como la convocatoria de un grupo de trabajo que examine la política de legalización, además de realidad y no defalcias o sesgos ideológicos, según lo dicho el miércoles Juan Gabriel Tokatlián en es periódico . Reportado como el documento presentado en noviembre por la Comisión Global de Política de Drogas necesitan ser considerados pues, como título del escrito, forman parte del «camino hacia una regulación justa».
Para que estas cosas funcionen, resulta fundamental que Gustavo Petro se asegure de que cuenta con la capacidad de convocar a diferentes sectores de la población para llegar a consensos en este frente. Si, por el contrario, el Gobierno decide ignorar a los que piensan distintos, se habrá perdido otra oportunidad de avanzar, mientras que Colombia vulve a ser parte del problema que nace de cifras record de producción de cocaína.
Sí, a decir verdad, no conviene a nadie. Solamente a los interesados en que el vicioso de siempre círculo continue, mientras algunos se straen y creen que el elefante de la cocaína desapareció del salón, cuando en realidad continúa muy presente.