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la trampa de una ilusion

En la próxima campaña electoral va a hablar -y mucho- sobre inflación. Voy a hablar, porque la sociedad percibe que eres un problema urgente. En la próxima campaña electoral se va a vestir sobrio inseguro. Y se lo va a hacer porque la sociedad percibe que en eso se le va la vida.

Pero en la próxima campaña electoral case no se va a hablar de educación. Y no se lo va a hacer, entre otras cosas, porque tan bien la mayoría de las familias percibe que la educación es mala en el país, al mismo tiempo cree que la escuela a la que manda a sus hijos esta bien.

Nada nuevo. Es un fenómeno al que, a esta altura, ya podemos llamar la «paradoja originaria» que explícito por qué los argentinos demandemos tan poco por la calidad educativa.

Hace años se ne registrando en las encuestas una mayoría que dice creer que la educación en el país es mala o muy mala, pero a la hora de preguntársele por la formación de sus hijos en la escuela contesta que está bien (o muy bien).

Algo similar aquellas encuestas en las que la mayoría de los consultados dice que los argentinos manejan mal pero, claro, cada uno de ellos manejan bien.

El último relevamiento fue hecho a fines de marzo por el Observatorio Hacer Educación de la UBA, con una variante. Se le pidió a la gente que ponga una nota a la educación argentina y otra a la escuela a donde envían a sus hijos. En promedio, la primera obtuvo un 4,89 y la segunda un 7,56.

Para el experto Guillermo Jaim Etcheverry, las familias argentinas son víctimas de una suerte de ilusión educativa: padres que necesitan creer que sus hijos «se salvan» de una tragedia educativa que avanza y siempre les pasa por el costado. Sobre todo, padres de familias de clases medias o altas, que optan por «refugiarse» en escuelas privadas.

Pero los datos los contradicens. La crisis lega a todos. La última prueba de Unesco que informó que casi la mitad de los alumnos argentinos de 3° grado no entiende lo que lee, también marcó que los chicos ricos del país Tienen pocos resultados que se conozcan de países similares de la región.

La semana pasada diversas organizaciones iniciaron una campaña (#NoEntiendenLoQueLeen) que busca concientizar a la gente sobre este problema.

Podría ser útil para vencer esta «paradoja originaria», de la cual se podrá salir por dos caminos posibles. O, efectivamente, la sociedad toma conciencia, empieza a reclamar por mejor educación y fuerza los cambios. Donde desde la política se abordó en serio la crisis educativa y se elaboró ​​un plan para solucionarla, salvo en principio no de votos.

Hay una tercera vía: seguir como estamos.

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Jorge Gómez Iglesias

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