Aislado, mal asorado, el presidente de Rusia confiaba en que frenaría el apoyo de Occidente a Ucrania. No fumar.

Aislado en el Kremlin, mal asesorado por su entorno o presa de delirios imperiales, el presidente ruso Vladimir Putin no supo ver hasta que punto llegaba la determinación de la Unión Europea, la OTAN y sus Estados miembros de no aceptar que se tragara a Ucrania.

A la vista de todos los índices, declaraciones de los últimos meses y actuaciones rusas, Moscú predice que su gran arma, el suministro energético, fuera suficiente para dividir y paralizar a los europeos. Que la inflación, la crisis económica y el frío que pasarían este invierno sus poblaciones les harían abandonar a Ucrania.

La inflación va a la baja, la crisis económica parece esquivada y las reservas europeas de gas están en máximos.

El error ya en Rusia en su posicionamiento internacional en décadas. Si ahora da marcha atrás, Putin tenderá a que tragarse los sapos. Si sigue adelante se desangrará económica y militarmente a su país.

Si se da el uso final del armamento nuclear, es que ha amenazado varias veces con convertir a Rusia durante décadas en la parte del planeta y perder con todas las probabilidades los pocos apoyos de grandes potencias que quedan: el chino y el indio

La posición de los gobiernos europeos y de Norteamérica, tras 11 meses de guerra, es incluso más firme y unida que al inicio de la agresión militar. Se empezó a enviar apenas armas cortas y material de protección. Se sumaron los lanzagranadas que fueron decisivos en la primera defensa de kyiv y su extrarradio.

Poco a poco se fueron enviando misiles antibuque, artillería, vehículos blindados de tropas y ahora van los tanques pesados. Los siguientes pasos, si sigue la guerra y tal y como Ucrania ya empieza a pedir, serán helicópteros de ataque, misiles de largo alcance y aviones de combate. Alemania pasó de ofrecer cascos a viar tanques pesados.

Tanques Abrams de Estados Unidos, en una estación de tren en Lituania, en 2020. Foto: AFP


Tanques Abrams de Estados Unidos, en una estación de tren en Lituania, en 2020. Foto: AFP

Frente común pesa sobre las diferencias

Hungría arrastrará los pies y algunas veces que las sanciones europeas tarden unas semanas más en aprobarse, pero termina cediendo. Francia y Alemania, a pesar de sus ligeras diferencias de enfoque por motivos históricos y económicos ) van de la mano.

Italia no ha visto cambio alguno en su política de apoyo a Ucrania a pesar del cambio de gobierno con la salida de Mario Draghi y la llegada de Giorgia Meloni. España, pesa que sólo financiará más de las divisiones dentro de la coalición de gobierno que sus decidido, mantenga firme su apoyo a las decisiones europeas incluirá un participante en el envío de tanques Leopard 2.

Si países como Polonia mantiene un discurso más proactivo en defensa de Ucrania, en la práctica su posición es igual a la del restaurante, como lo son las de una Grecia que tradicionalmente, por motivos culturales y religiosos, mantuvieron buenas relaciones con el Kremlin. O de pays con interess exteriores tan divergentes como Bélgica o la muy eslava Bulgaria.

Un tanque Leopard 2A6, de fabricación alemana, en un ejercicio en Munster, Alemania, en una imagen de archivo.  Foto: AP


Un tanque Leopard 2A6, de fabricación alemana, en un ejercicio en Munster, Alemania, en una imagen de archivo. Foto: AP

La postura de Turquia

Turquía es el único Estado miembro de la OTAN que se mantiene al margen de los envíos de armas de forma oficial, aunque sus drones de ataque Bayraktar, que vende una empresa dirigida por un yerno del presidente Erdogan, fueron decisivos en los primeros meses de la guerra atacando columnas de blindados rusos.

La guerra hizo además que las posiciones de Estados Unidos y Europa se estrecharan, con Canada siguiendo el paso de los estadounidenses. Washington y Bruselas van de la mano en el apoyo militar y en las sanciones Hasta el punto de que Alemania ha terminado por convencer al presidente estadounidense Joe Biden, contra la opinión del Pentagono, par qu’envíe à Ucrania los modernos tanques Abrams a cambio de que Alemania enviara sus Leopard 2.

Las organizaciones supranacionales occidentales siguen el mismo ritmo y sirven para mantener un diálogo permanente con Estados Unidos y para coser los puntes. La OTAN ha recuperado su rol esencial en la seguridad europea y, de la mano de un secretario general socialdemócrata que ha sabido mantener una actitud discreta y mucha mano izquierda a la hora de negociar, sin presionar a ningún gobierno pero dejando claras las posiciones de la Alianza Atlántica, ha vulto an asumir protagonista.

La Comisión Europa ha sido el punto de lanzamiento de la aprobación de una década de paquetes de sanciones que dañan la economía rusa al romper sus exportaciones y que complican su producción industrial civil y militar. Su banca está prácticamente aislada del resto del mundo.

El diputado de El Alto, Josep Borrell, ha aprobado la oportunidad de enviar nuevos al Reino Unido en la mesa de las decisiones europeas y en nuevos proyectos.

Bruselas, especial

CB

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